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> Revisión de la teoría de la elección racional
Norberto Bruno

1.- Introducción

La razón trabaja sin desmayos para clasificar los hechos y moldear nuestras reacciones. No lo cree así GIBRAN, el autor de "El Profeta" "¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos y los deseos?".

De ella también renegaba TOLSTOY cuando decía "La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón.". Tampoco la consideraba bien PASCAL: "La razón obra con lentitud, y con tantas miras, sobre tantos principios, que a cada momento se adormece o extravía. La pasión obra en un instante".

Es evidente que la razón no tiene el gobierno absoluto de todos nuestros actos. Son moneda corriente los casos de actitudes que, a la luz de una razón convencional, resultan disonantes. Para bien o para mal, la historia, el contexto y las emociones también instrumentan nuestros juicios y prácticas.

Los sociobiólogos dicen que el corazón predomina sobre la cabeza cuando se trata de enfrentar momentos difíciles. Cada emoción ofrece una disposición definida a actuar. Como señala LOEWESTEIN, las emociones tienen la capacidad de convertirnos virtualmente en personas diferentes, derrochadores o avaros entre otras cosas.

¿La razón es siempre la mejor consejera? ¿La racionalidad disciplina siempre nuestras decisiones y acciones?

2.- La racionalidad neoclásica

La elección racional sobre la base de la utilidad esperada forma parte del núcleo duro del paradigma microeconómico que ha sido el programa de investigación dominante en economía durante todo el siglo pasado. El enfoque neoclásico tiene una teoría microeconómica que indica cuál es la dirección que ha de seguir el comportamiento de individuos representativos ante diferentes incentivos. El sustrato filosófico de este principio es una combinación de utilitarismo con conductismo. A partir de allí, se conforma un individuo que persigue su propio interés, aplicando la razón y el conocimiento a sus circunstancias. Frente a una amplia gama de opciones, que puede valorar adecuadamente porque cuenta además con información perfecta, elige aquélla que le proporciona el máximo beneficio. Su capacidad para la identificación y análisis de alternativas y la selección de la maximizadora, proviene del hecho de que es un sujeto inteligente y emocionalmente maduro, con gustos y preferencias fijos, independientes del contexto.

¿Cuándo una acción es racional desde el punto de vista económico?. Según la teoría ortodoxa, actuar racionalmente significa elegir la alternativa con la jerarquía más alta dentro de un grupo de alternativas factibles. Esta elección se realiza sin ningún costo de transacción, como tampoco de deliberación, ni requiriendo ningún espacio de tiempo.

La definición clásica de racionalidad ha sido considerada consistente con el proceso evolutivo de selección natural, en el sentido de que una acción racional, al incrementar por definición el bienestar material del individuo, aumenta también las posibilidades de supervivencia y mejoramiento.

La teoría financiera, como cuerpo de conocimientos desgajado de la economía clásica, también supone que los individuos (agentes que toman decisiones financieras) son seres racionales y, a la vez, que están plenamente informados.

Bajo el supuesto de la conducta racional, el agente elige, de entre un conjunto específico de opciones financieras, aquella opción que maximiza su función de utilidad. Esta racionalidad es apoyada por un contexto de mercados financieros eficientes. Los economistas financieros han definido tres niveles de eficiencia del mercado, con base en la cantidad de información que incorporan los precios de las acciones. Hablan entonces de: i) eficiencia débil (los precios incorporan solamente información histórica) ii) eficiencia semi-fuerte (los precios incorporan información histórica e información pública); y iii) eficiencia fuerte (los precios incorporan información histórica, información pública e información privada).

En el mundo real no hay posibilidad de contar con una sibila para que nos haga proyecciones financieras. Normalmente, las personas tienen que tomar decisiones con información imperfecta. Esto significa que no conocen con certeza la magnitud que asumirán en el futuro los resultados de sus elecciones actuales; no pueden anticipar con precisión la naturaleza y dimensión de los costos y beneficios de las acciones que acometen hoy. Se quiere decir que la situación común es la de tomar decisiones en condiciones de incertidumbre o sea que las decisiones están sometidas a riesgo. Con mercados eficientes todos los individuos se forjan la misma distribución de probabilidad acerca de los futuros resultados esperados (expectativas homogéneas).

En el planteamiento financiero clásico, con la independencia del contexto, la maximización de la ganancia, la aversión absoluta al riesgo y la hipótesis de mercados eficientes como principios ordenadores, todas las decisiones pueden ser procesadas a través del lente objetivo y transparente de la rentabilidad y el riesgo. En condiciones de incertidumbre, el proceso de análisis y selección está animado por la rentabilidad esperada -medida por el valor esperado (media) de la distribución de probabilidades de los posibles resultados- y por el riesgo asociado -medido a través de la dispersión (varianza) de los posibles resultados en torno de su valor esperado. Los modelos media-varianza suponen que el volumen de inversión no afecta al riesgo total, considerando generalmente constante la aversión absoluta al riesgo. Sin embargo, existen inversores que, con una baja dotación de recursos, prefieren la seguridad y descartan la alternativa de mayor valor monetario esperado, mientras que si su situación patrimonial es desahogada están dispuestos a exponerse más al riesgo si con ello pueden recibir una mayor recompensa. Los bienes, y entre ellos el dinero, no tienen una valoración absoluta sino que su apreciación depende de la utilidad o desutilidad que nos brinda el ganarlos o el perderlos.

Las sumas de dinero tienen diferente utilidad para distintas personas. La estadística descriptiva no es suficiente para inclinar la decisión de la gente. Esta insuficiencia del valor monetario esperado fue advertida por Daniel BERNOULLI en la primera mitad del siglo XVII y queda ilustrada por los términos de la famosa "paradoja de San Petersburgo". La paradoja aparece porque el sujeto decisor de BERNOULLI (un mendigo) no reacciona como lo sugeriría el criterio del valor monetario esperado. Lo importante para él - que tiene descubiertas sus necesidades primarias- no es la media (esperanza matemática) de los posibles resultados del "juego de lotería", sino la utilidad o esperanza matemática moral. Esta utilidad está relacionada con la actitud hacia el riesgo. La moraleja de la paradoja es que el grado de satisfacción que resulta de un aumento en la riqueza de un individuo es inversamente proporcional a la cantidad de bienes que esa persona posee. J. Von NEUMANN y O. MORGENSTERN (en adelante N-M) han abundado en las ideas de BERNOULLI, estudiando con rigor la noción de utilidad y su incidencia en nuestra conducta (SUAREZ SUAREZ, p. 125/6).

Más concretamente, N-M demuestran que en ciertos supuestos plausibles un individuo tiene una función de utilidad con estas dos propiedades:

-Si se prefiere el resultado A al resultado B, luego la utilidad de A, u (A), es mayor que la utilidad de B, u (B). Implica afirmar que la utilidad aumenta o disminuye a medida que un resultado deviene más o menos atractivo.

-Si un individuo posee un billete de lotería L que representa una retribución de A con probabilidad de p y una retribución de B con una probabilidad de 1-p, la utilidad del billete de lotería, u (L), puede calcularse de acuerdo con la siguiente fórmula:

u (L)= p u (A) + (1-p) u (B)

Cuando diferentes actos prometen diferentes conjuntos de resultados inciertos, la política óptima consiste en elegir el acto que maximiza la utilidad esperada del responsable de la decisión (MAO, p. 46).

El concepto de utilidad elaborado por N-M constituye una formidable extensión del paradigma neoclásico de la elección racional. Los modelos de maximización de la utilidad esperada constituyen el referente teórico de la elección racional con incertidumbre. La teoría de cartera, desarrollada por MARKOWITZ, puede ser considerada como un caso particular de la teoría de la utilidad esperada.

3.- Crítica de la racionalidad neoclásica

La inconformidad frente a los postulados básicos de la teoría de la elección racional apoyada en la utilidad esperada, ha tenido su manifestación a través del trabajo de diversos autores e incluso de escuelas formales de pensamiento.

Ya en el institucionalismo inicial (VEBLEN) aparecen cuestionamientos a la psicología utilitarista y al principio de racionalidad, advirtiendo que la gente realiza acciones de consumo o de inversión por hábito, por tradición, por costumbre, por un deber y no como consecuencia de la maximización de la utilidad. Las creencias y modos de conducta instituidos por la colectividad moldean en buena medida nuestras elecciones.

La economía neoinstitucional representa un intento de mejorar el postulado de racionalidad neoclásico. Introduce una psicología experimental para sustituir el utilitarismo y el propio proceso de maximización, lo que hace al individuo un agente menos racional y soberano que el supuesto por la teoría ortodoxa. Entre los neoinstitucionalistas, NORTH acuñó el concepto de "racionalidad individual imperfecta" para señalar la abundancia de casos en que las personas no pueden regirse por la racionalidad de máximo beneficio debido a que no poseen toda la información del mercado, o tienen constricciones mentales fruto de su historia, de las influencias culturales o de su pertenencia a organizaciones sociales. En el mismo orden de ideas, WILLIAMSON ha formulado el concepto de "contrato incompleto" para mostrar que no todos los intercambios económicos están organizados bajo condiciones contractuales de mercados ideales, perfectos. Una situación de "contrato incompleto" se da cuando existen sujetos para los cuales tiene ventaja un comportamiento deshonesto. También es el caso de coaliciones de intereses que, al tratar de imponer su criterio para beneficio de los sujetos que forman la asociación, terminan por desdibujar las reglas de un mercado impersonal y transparente.

Por su parte, Hebert SIMON puso en lid el concepto de "racionalidad limitada" del agente decisor contraponiéndolo al de "racionalidad olímpica", que es el modelo correspondiente al individuo que realiza sus elecciones en función de un amplio conocimiento de los problemas y de las alternativas. En la visión de SIMON, "La capacidad de la mente humana para formular y resolver problemas complejos es muy pequeña comparada con el tamaño de los problemas que requieren ser resueltos; para un comportamiento racional objetivo en el mundo real, aún para una aproximación razonable a dicha racionalidad objetiva... ya no podemos dudar acerca de que las suposiciones micro de la teoría económica (las suposiciones de racionalidad perfecta) son contrarias a los hechos. No es cuestión de aproximación, ellas no describen ni remotamente los procesos que siguen los seres humanos para la toma de decisiones en situaciones complejas... estamos limitados en cuanto al cálculo cabal de nuestras acciones y cuan racionales podemos ser en un mundo complicado." Su modelo de racionalidad acotada opera por medio de estos mecanismos: 1) la limitación de la atención a través de las "emociones" llevan a la persona a concentrarse en un problema específico y en un número reducido de soluciones alternativas; 2) el discernimiento sobre un grupo reducido de alternativas en términos valorativos; 3) la búsqueda de datos que reduzcan su incertidumbre sobre el ambiente. ELSTER va más a fondo en la crítica al modelo de racionalidad clásica presentando otro estructurado alrededor de dos ejes: 1) que la conducta humana es esencialmente una actuación estratégica capaz de cambiar utilidad inmediata por una utilidad futura superior; 2) que los individuos al reconocerse no enteramente racionales se autoimponen "ataduras" que los prevengan de su propia irracionalidad o de cambios futuros de sus preferencias. Como hizo Ulises que, al saberse incapaz de resistir el canto de las sirenas, tapó con cera los oídos de sus marineros después de pedirles que lo ataran al mástil.

En realidad, la idea de racionalidad acotada ya estaba presente en el pensamiento de KEYNES cuando se refería a la base de nuestras expectativas individuales sobre el futuro (las "flimsy foundations"), hecha de extrapolaciones del presente y de las opiniones existentes en la sociedad. La endeblez de estos fundamentos determina que esas mismas expectativas estén sujetas a cambios bruscos y violentos. Esta inestabilidad se traslada luego a la inversión y al sistema económico. Con tan precaria base de conocimiento quedaríamos paralizados pero entran en acción los "espíritus animales". "Nuestra necesidad innata de actividad constituye el verdadero motor de los negocios, nuestra mente escogiendo lo mejor que puede entre las soluciones posibles calculando cada vez que puede pero cediendo frente a los impulsos debidos al capricho, al sentimiento o a la suerte".

La noción de riesgo de pérdida (downside risk) deja fuera una parte del planteamiento financiero clásico. Se entiende por riesgo de pérdida el fallo de la empresa en alcanzar el nivel de resultados deseados. Esta idea de riesgo viene a alinearse con investigaciones previas como las de MAO, que encontraban que los ejecutivos entendían el riesgo en términos de dificultad de alcanzar el objetivo más que como varianza de resultados. En efecto, en la encuesta de opinión realizada por MAO a ejecutivos de firmas que representaban las mejores prácticas en varias industrias, cuando se los puso frente a alternativas de inversión mutuamente excluyentes de manera que cada una de ellas significara la cartera total de la empresa, hubo unanimidad en la preferencia y el conjunto de argumentos de esa predilección se resume en la siguiente respuesta: "La clave es la supervivencia. Nos atrevemos a evaluar con cierto optimismo los proyectos individuales, pero no ponemos en situación de riesgo a toda la organización. Una de nuestras obligaciones es preservar la vida de la empresa, y cada vez que la colocamos en rojo muere un poco, sino del todo". Este testimonio es compatible con la representación de riesgo por la semivarianza (MAO, 1976, p.747). A nivel personal, podemos estar dispuestos a asumir un riesgo más alto que el ordinario si la ganancia esperada es considerable, pero a condición de que el intento no comprometa en forma significativa el monto absoluto -actual y futuro- de nuestra riqueza o la capacidad de ésta relativa a la atención de nuestras necesidades básicas. "Se trata simplemente de una cuestión de proporciones" le hace decir DOSTOYEVSKY al personaje central de "El Jugador". "Lo que para Rothschilde es una mezquindad, para mí puede tratarse de una fortuna".
Brian ROM y Welfred VOS sostienen que el instrumental estadístico utilizado tradicionalmente adolece de falencias que le restan capacidad de predicción. En particular, el modelo media-varianza es una aproximación razonable de segundo orden para carteras bien diversificadas si el rendimiento total esperado de la cartera es conocido y la variación del rendimiento total respecto del esperado baja. Además, si las distribuciones de los rendimientos son asimétricas ni el modelo media-varianza ni el modelo media-desviación absoluta media resultan consistentes con la maximización de la utilidad esperada.

Más en boga, es la corriente crítica de la hipótesis de racionalidad de la teoría neoclásica canalizada por la llamada escuela del conductismo o comportamiento financiero (behavioral finance). La teoría del comportamiento financiero podría ser sintetizada en "la aplicación de la psicología a las finanzas". Sus más reconocidos exponentes son Daniel KAHNEMAN y Amos TVERSKY. Los profesores KAHNEMAN y TVERSKY no sólo se quedaron en la crítica de la utilidad esperada sino que también desarrollaron una teoría alternativa llamada teoría del prospecto (prospect theory). Los resultados obtenidos en muchos de los experimentos realizados por estos académicos y otros de la corriente del comportamiento sugieren la conclusión de que cuando la gente toma decisiones bajo riesgo actúa como si fuera irracional. Estos mismos resultados les han permitido identificar y describir una serie de factores psicológicos y heurísticos que sesgan las decisiones y condicionan la actitud hacia el riesgo, a saber:

· Aversión a la pérdida: las pérdidas son evaluadas en mayor magnitud que las ganancias; es decir que si se pierde $1 la infelicidad es mayor que la felicidad de ganar la misma cantidad. Esto puede explicar por qué el individuo asume riesgos para evitar pérdidas grandes. El refrán "perdidos, al río" da cuenta de la popularidad de este tipo de conducta.

· Efecto de contexto: ocurre porque las personas no tienen en cuenta el valor absoluto de las ganancias o las pérdidas que se puedan producir, sino su relación con cierto "nivel de referencia" que toman como punto de partida y las perciben como tales según lo que resulte de la comparación con ese punto de referencia. De modo pues que los principios objetivos de rendimiento y riesgo están influenciados por la manera en que se presentan los problemas de decisión.

· Contabilidad mental: al momento de adquirir un bien se estaría abriendo en la mente de la persona una suerte de cuenta corriente. El asiento inicial es un débito por el costo del bien; luego se van registrando créditos por su utilización hasta que el saldo llega a cero o eventualmente a ser positivo. Para tomar una decisión respecto del bien, esa persona considera el balance de la cuenta mental y no el verdadero valor económico. La contabilidad mental permite explicar -entre otros- el fenómeno de la inclusión de los costos hundidos en la toma de decisiones, toda una anomalía desde el punto de vista de la hipótesis de racionalidad de la economía tradicional.

· Sesgos en estimación y uso de probabilidades: la gente tiende a asumir que la ley de los grandes números se aplica siempre, también para los pequeños números; a mal interpretar la independencia estadística; a confundir información aleatoria con patrones de información; a inferir de manera equívoca la causalidad de un evento; a exagerar la probabilidad ex ante de un evento aleatorio que ha ocurrido ya, etc.

Tales factores y creencias -que por supuesto no son todos los hallados en las investigaciones conductualistas-, anclados en nuestra experiencia cotidiana, son capaces de explicar muchos comportamientos reales, así como prácticas comerciales y políticas, que la teoría tradicional consideraría irracionales. Los neurobiólogos descubrieron procesos cerebrales y hormonas que tienen que ver con una especie de "compulsión" a pronosticar. Los economistas conductualistas agregan que estos pronósticos suelen ser erróneos porque se cae en ilusiones como creer que se controlan variables que en realidad son azarosas, o porque los seres humanos suelen prestar atención a los datos que confirman sus creencias y desdeñar aquéllos que las contradicen. La gente comete errores de juicio debido a debilidades humanas tales como exceso de confianza, arrogancia, avaricia o miedo. Y otras veces los comete porque no ha tenido tiempo para, o no ha sabido, aprender de errores anteriores. De ello no están exentos ni los ejecutivos corporativos, ni los economistas profesionales ni los experimentados analistas de mercados. En un estudio sobre algunos conocidos fracasos empresariales, realizado por la Tuck Business School, aparecen señaladas características de comportamiento de directivos que tienen que ver con esas debilidades humanas y han sido determinantes del hundimiento corporativo: las organizaciones son gestionadas por personas que están sujetas a los mismos prejuicios, presiones y errores de cálculo que el resto del mundo; que toman las mismas decisiones una y otra vez, aunque no sean las más convenientes; que tienden a suprimir las cuestiones que chocan con sus preferencias; que no les dan importancia a los posibles errores de sus iniciativas estratégicas (nota del Financial Times, reproducida por el Cronista en su edición del 14/01/04).
Un trabajo reciente en la línea conductista alumbra el "efecto dote", que, dicho simplemente, significa que, a la hora de tomar decisiones patrimoniales (compra y venta), la gente da un valor exagerado a lo que ya posee. La vigencia de este efecto tendría, naturalmente, algunas implicancias importantes. Una de ellas es que sería una refutación del Teorema de Coase, según el cual la distribución inicial de riqueza no importa siempre que los mercados permitan a la gente intercambiar sus pertenencias. John List, economista de la Universidad de Maryland, en un experimento para poner a prueba el "efecto dote", encontró evidencia de que los comprados o vendedores experimentados en mercados de larga data superan sus "fallas" psicológicas (The Economist, reproducido en el Suplemento Economía y Negocios del diario La Nación, 31/08/03).

Por supuesto que frente a este trabajo de "demolición" ejecutado por la escuela del comportamiento, los partidarios de la ortodoxia no se han quedado de brazos cruzados. Sin dejar de tomarla en serio, algunos de ellos dicen que la teoría del prospecto simplemente da credibilidad a la idea de que, repetidamente, la gente comete errores tontos. Un reputado defensor de la posición clásica en el aspecto de mercados eficientes, como lo es Eugene FAMA, sostiene que muchos de los modelos de comportamiento trabajan bien en las anomalías para las que fueron diseñados explicar (reacción exagerada de los inversionistas), pero cuando son aplicados a otras anomalías "los resultados son embarazosos". Para FAMA, por ahora, los modelos de comportamiento existentes no capturan el menú de anomalías de mejor forma que los de mercados eficientes.
Desde otro ángulo, Philip MIROWSKI fundamenta su rebeldía contra la mainstream de la economía diciendo que más que la racionalidad de los agentes lo que importa son las reglas de interacción entre ellos. Una banda de autómatas o zombis descerebrados, puestos a actuar bajo ciertas reglas, también generarán un mercado eficiente (nota aparecida en Suplemento Económico del diario Clarín...)

4.- Conclusiones

La teoría de la elección racional ha recibido un volumen considerable de crítica. La exposición anterior no constituye, en modo alguno, una presentación exhaustiva de la andanada revisionista que le han dirigido desde varias frentes. Como puede verse, la inquietud en torno del realismo y suficiencia del supuesto no es sólo de esta época.

Las consideraciones psicológicas en la articulación del modo como se modelan las decisiones financieras o el comportamiento económico no son algo nuevo. Es posible llegar en el rastreo de sus antecedentes hasta el trabajo sobre utilidad de BERNOULLI (1754), en el cual pueden encontrarse embriones del "nivel de referencia" y de la "aversión a la pérdida". Más de medio siglo atrás, KEYNES hablaba de animal spirits y FISHER discutía la importancia de la "impaciencia" Por aquel entonces se instalaba la probabilidad subjetiva -tan útil en el campo de las decisiones en condiciones de incertidumbre-, una medida de la creencia personal que se constituye amalgamando experiencia, intuición, sentimientos, conocimientos. Sin embargo, tal vez a falta de evidencia sistemáticamente adquirida, continuaron ganando terreno los modelos que asumían incrementalmente agentes más y más racionales.

Hoy en día, sería necio no reconocer que las emociones cuentan tanto como el pensamiento. El profesor THALER, un precursor del conductismo, nos recuerda que "con frecuencia la gente hace cosas, ora por amor, ora por gusto y no sólo en aras de un egoísta interés de naturaleza material". El psicologismo arriesga a señalar a las emociones como el principal factor que influye en la selección de inversiones. Aquellas inversiones que brindan seguridad atraen a los inversionistas cuya principal emoción primaria es el miedo mientras que las que tienen potencial atraen a inversionistas cuya principal emoción primaria es la esperanza. La filosofía de la complejidad afirma que el hombre no puede separar de forma clara razón y emoción.

No es bueno que el hombre esté solo. Y como no lo está, interactúa con otros semejantes que, de hecho, tienen intereses materiales y emociones divergentes. De esta dinámica resulta un sistema de reglas y creencias que también inducen propensiones y conductas. Luego, ni la razón individual ni la predeterminación biológica pueden dar cuenta, por sí solas o en conjunto, del universo de los procesos decisionales en el mundo de los negocios. Sin duda que existen e intervienen las "fallas" psicológicas. Puede ser también que éstas sean más frecuentes y estén más extendidas de lo que uno imagina y hasta es posible que tengan características sistemáticas. Pero no es menos cierto que el origen de las propensiones, en ocasiones y al menos en el ámbito de la economía financiera, no viene dado exclusivamente por un desarrollo específico del material genético personal o por el impulso de alguna región cerebral. Así, somos crédulos o confiados porque nos "manipulan" organizadamente, nos inducen desde nuestro exterior a actuar, a decidir, en un sentido conveniente a los grandes "jugadores" del mercado.

No es que no queramos ser racionales o que tengamos preferencias por las "anomalías" conductuales ("inflar la burbuja" o salir corriendo de pánico). Es que nos atenemos a un marco de referencia, creado ad hoc, que es ilusorio y artificial y nos lleva a cometer errores de juicio, a no ser cautelosos, a tomar riesgos no calculados. El gran público, comprador de acciones o bonos -inicialmente prometedores y que al final derraparon, no ha sido víctima de sus propias "fallas" psicológicas, de un arrebato pasional o de una codicia desenfrenada que no repara en consecuencias. El deseo de comprar y de ganar buen dinero fue reforzado por nueva información interesada y parcial, suministrada por agentes de mercado, que obró como "catalizador de creencias". La explicación de este proceso parece mejor surtida por la teoría del "contrato incompleto" o la teoría de la información asimétrica.

Más allá de la codicia y el miedo (como reza el título de un conocido libro sobre Behavioral Finance), no solamente hay circuitos cerebrales, emociones, creencias, mitos y leyendas incorporados. En el "juego" del mercado financiero, con frecuencia, se enredan una "usina de rumores", una "emisora de señales" y, un "saber especializado" que alientan expectativas, fomentan creencias y estimulan deseos.

El prestigio de la economía experimental requiere registrar nuevos avances que ayuden a fortalecer la validez empírica de sus hallazgos de "laboratorio". En los juegos de negocios "por nada", esto es que no se corren riesgos personales, los participantes hacen cosas diferentes a las que hacen de ordinario, adoptan actitudes atípicas o que van "contra la corriente". Es posible entonces que las conductas que emergen de esos juegos no sean una razonable o verosímil representación o reflejo del comportamiento que esas mismas personas adoptarían en la realidad si estuvieran enfrentadas a iguales circunstancias o eventos que los que les fueron planteados en los "juegos" o experimentos.

La teoría de la elección racional no está derrotada ni mucho menos. ELSTER sigue defendiendo el papel normativo y el explicativo de la teoría; por ejemplo, para detectar formas de irracionalidad necesitamos una caracterización de la racionalidad. Antoni DOMENECH cree que el programa de la elección racional podrá mejorar su poder predictivo en la medida que logre describir las creencias y deseos de los hombres como consecuencia de presiones ecológicas. Es cierto que el supuesto de racionalidad individual, utilitaria y maximizadora es una caricatura de la realmente compleja esencia humana. En ninguna otra parte está mejor retratada esta complejidad como en las novelas famosas. No existe tal cosa como un individuo sin algún tipo de intercambio con el contexto. Pero también es cierto que con un "tutti fruti" de hedonismo, neuronas, hormonas, pasiones, costumbres, etc., se torna difícil formular una teoría científica de la decisión y ciclópeo el esfuerzo de elaborar algún modelo matemático. Sin duda que es conveniente y necesario tratar de mejorar el entendimiento de la naturaleza humana y darle su importancia a las propensiones, inducidas genética o culturalmente. No podemos dar una explicación interesante de la acción humana si no integramos en red los niveles económicos, histórico, psicológico, social, ético, etc., que la conforman.

5.- Bibliografía

SUAREZ SUAREZ, Andrés
Decisiones óptimas de inversión y financiación en la empresa, Ed. Pirámide, Madrid 1980.

MAO, James C.T.
Análisis financiero, Ed. El Ateneo, Buenos Aires 1974.

MAO, James C. T.
Evaluación de proyectos de inversión; teoría y práctica, en Revista Administración de Empresas, tomo IV, Ed. Contabilidad Moderna, Buenos Aires 1976.




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